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Festividad
del beato Juan Mª de la Cruz
El día 22 de
septiembre se celebra la festividad del Beato Juan María de la Cruz.
Nacimiento, seminario, vida parroquial
En un pequeño pueblo de la provincia de Ávila,
San Esteban de los Patos, austero y recio como las altas montañas
que se ven a lo lejos, de una familia cristiana, generosa y abierta
a la vida, de una pobreza digna y un vivir cristiano de herencia
y compromiso diario, el 27 de septiembre de 1891, dos días
después de nacer, recibe el Bautismo con el nombre de Mariano,
el primero de quince hijos, que junto a los suyos iniciará
un camino que, sorprendentemente le llevará al martirio y
a testimoniar el don de la fe recibida y el ser uno con Cristo,
en la vida y en la muerte.
Recibe muy pronto la llamada al sacerdocio y a una
vida consagrada por la que luchará durante años en
un doloroso e íntimo discernimiento.
Su paso por el seminario es normal como alumno aventajado,
buen compañero, amigo sugerente y despierto hasta llegar
a la ordenación sacerdotal el 18 de marzo de 1916 de manos
de Mons. Joaquín Beltrán y Asensio quien, dos meses
después, lo enviará a Hernansancho y Villanueva de
Gómez, donde al igual que en S. Juan de la Encinilla, y finalmente
en Sto. Tomás de Zabarcos y Sotillo de las Palomas desempeñará
su ministerio sacerdotal dejando fama de santo, pobre y misericordioso,
celoso y mortificado. Un verdadero apóstol de la Eucaristía,
de la devoción mariana, enemigo de la blasfemia, buen predicador
y excelente catequista.
¿Señor, qué queréis de
mí? Decía su paisana Teresa de Jesús. Él
busca también otros horizontes. De seminarista intenta ser
dominico en Santo Tomás de Ávila, siendo párroco
acude a los Carmelitas y siendo profeso en los PP. Reparadores hará
una prueba en la Trapa de Cóbreces. Su salud y el ser "poquita
cosa" físicamente, le impidieron siempre superar las
pruebas y el estilo de vida de estas Órdenes religiosas.
Con los Sacerdotes del Corazón de
Jesús - PP. Reparadores
En esta búsqueda silenciosa, apasionada y
fatigosa, va a encontrarse con el P. Guillermo Zicke, ex misionero
en el Camerún y fundador de los PP. Reparadores en España
(Sacerdotes del Corazón de Jesús), quien va a mostrarle
el camino de la entrega al servicio de Dios en la oblación,
reparación e inmolación al Corazón de Jesús,
para entregarse con Él al Padre, "siendo testigos del
amor y servidores de la reconciliación" en el mundo,
en palabras más actuales de la Regla de Vida.
El 31 de octubre de 1926, festividad de Cristo Rey,
consagra su vida con la Profesión Religiosa en Novelda (Alicante),
donde durante un año trabajará pastoralmente con niños
y mayores, en un colegio e iglesia de aquella ciudad, con dedicación
solícita.
Será en Puente la Reina (Navarra), seminario
menor que vivía sus años en extrema y digna pobreza,
donde por mandato de su superior y director espiritual va a poner
en práctica la disponibilidad que un año antes profesara,
al servicio de aquellos seminaristas, encargándose de buscar
ayudas, socorros y amigos colaboradores por aquellas tierras navarras
y vascas, a la vez que se preocupaba por descubrir vocaciones. Aparentemente
todo bien distinto de lo que D. Mariano aspiraba al convertirse
en nuestro P. Juan María de la Cruz, situación que
tantas veces comentaría con el Señor en los largos
ratos de adoración al Santísimo por pueblos y ciudades
que él visitaba.
Pasó haciendo el bien, como dicen los Evangelios
de Jesús, y el P. Juan correspondiendo a la limosna con la
palabra, el consejo, la orientación, y hasta en alguna ocasión
con "alguna gracia" arrancada del corazón del Padre
para aquella gente necesitada de consuelo.
Como decía la gente y lo han repetido los
testigos de la Causa de Beatificación era "un santo"...,
santidad que brota del Bautismo pero que en él encuentra
su fuerza en la Eucaristía y en María, cuyos santuarios,
siempre visitaba en sus correrías apostólicas.
Testigos de la fe
Corrían vientos helados de muerte y violencia
en aquel verano de 1936. Buscando un poco de reposo y serenidad
para el P. Juan, sus Superiores lo envían a la Serranía
de Cuenca, al santuario de Garaballa donde le sorprende el estallido
de la guerra civil.
Una vieja chaqueta, desproporcionada, le cubrirá
en su huida hacia Valencia, donde nada más llegar se encuentra
con el espectáculo del incendio en la céntrica iglesia
de los Santos Juanes. La crítica en voz alta al espectáculo
le lleva inmediatamente a la Cárcel Modelo de la ciudad,
ya llena de detenidos sacerdotes, religiosos, laicos comprometidos
y gentes de derechas. El P. Chaquetón o P. Juanito, como
pronto se le conoció, fue todo un ejemplo de ánimo,
consuelo, oración y testimonio sacerdotal y religioso.
Su agenda, agujereada por las balas, todavía
conserva el horario del día y las prácticas de piedad
que fielmente respetaba de su compromiso religioso; para hacer el
vía crucis hasta trazó en los muros de la celda las
cruces correspondientes. A punto estuvo de la celda de castigo,
según cuenta el fontanero que consiguió librarle.
Era la noche del 23 de agosto de 1936. Al grito
de "¡Libertad!" el P. Juan y nueve compañeros
salieron hacia Silla, lugar cercano a Valencia, donde a la luz de
las estrellas y a los siniestros faros de las camionetas, fue su
oblación aceptada en espíritu de amor y reparación
junto con la de Cristo por la salvación de aquella España
violenta, injusta y fratricida, como decía el P. Dehon, el
fundador de la Congregación: "Para que reine el
Corazón de Jesús en las almas y en las sociedades".
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